Entre verde y naranja transcurren mis días,
al abrigo de las montañas que nos cuidan,
empezando por el Ávila que siempre nos devuelve la alegría.
Entre cornetas, gentíos y la acostumbrada algarabía,
hay un mundo de talentos que ni siquiera conocías,
y un sinfín de eventualidades que solo aquí ocurriría.
Tus calles se llenan de gente maravillosa,
algunas muy humildes, otras mas vanidosas,
sin embargo las diferencias sociales no son mas que otra cosa
que juntar fuerzas para sacar al país de esta fosa.
Algunos te llaman la eterna primavera,
y cualquiera de ti se enamoraría solo si te viera
aunque claro que vivirte siempre es mas que una guerra.
Tus calles se han manchado con sangre y lagrimas,
a lo largo de tantos días de incansables luchas,
para lograr esa libertad que tanto buscas.
Miles y miles de personas te han dejado atrás,
por los crímenes de políticos que ni pueden confesar
pero libramos batalla para que puedan regresar.
En ti nacieron grandes personajes de nuestra historia,
y también nacieron las peores de las escorias,
demostrando el camino que puedes elegir,
entre ser un campeón o simplemente delinquir.
Tierra de brillantes jóvenes, voluntades y cerebros,
sin distinciones si vienes del Country o de los cerros,
porque aun cuando la guardia nos trata como perros,
sabemos que algún día seremos los primeros.
Me he criado entre tus calles y tu gente,
siempre con los valores y la educación presente,
soñando transformarte en una sociedad diferente.
Para ti mi Caracas, mi ciudad de sombras y luces.
Por tus 450 años.
-Oriana G. Villarroel.
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