Hoy vivimos en un mundo donde algo tan básico y necesario como la
libertad y la paz, incluso después de dos guerras mundiales, de miles de
conflictos civiles y del trabajo arduo de miles de personas para dar valor a
estas dos palabras... siguen siendo derechos violados por gobiernos autoritarios
y por el poder en contra de la consciencia.
Algo tan vital como el amor y la
ayuda a los demás han sido arrimados por intereses personales y por la
indiferencia.
Algo tan vital como el respeto y el valor a la vida han sido
quebrados por la fuerza de la religión y la dureza de los corazones.
Pero esto
no nos puede desanimar ni quitar nuestra fe por un mundo mejor para todos aunque suene tan utópico, por
el contrario, hoy más que nunca, viviendo en una sociedad cada vez más
diversificada y a la vez mas amenazada, debemos ser nosotros los que den un
paso adelante, los que le digan no a la represión y a la intolerancia, los que defendamos
a viva voz el derecho que nos pertenece y por los derechos de aquellas personas
que ya no encuentran fuerzas. Hoy más que nunca no podemos callarnos ni
detenernos hasta que llegue el día que cada persona sea libre de pensar, decir
y amar lo que quiera, el día que cada mujer, niño y anciano pueda salir a las
calles de su ciudad o pueblo sin miedo y con una mentalidad distinta de
tolerancia, progreso y paz. Solo en la unión esta la fuerza, solo en la
victoria esta la perseverancia y la paz en el apoyo mutuo, no como americanos, no
como europeos o como asiáticos sino como ciudadanos del mundo que sentimos y
padecemos el sufrimiento de cada niño árabe y africano… de cada voz que ha sido
callada en Venezuela, Corea del Norte y Cuba.
No podemos olvidar que esas
personas, que miles de personas todavía sufren las consecuencias de la
injusticia y de la violencia. Ese debe ser nuestro motor de cambio. Y ese
cambio empieza en mi, en ti y en cada uno de nosotros eliminando primeramente el
prejuicio, la ignorancia, la indiferencia, la falta de esperanza en nuestros
corazones… empezando a vernos a todos como iguales, como hermanos, como seres
humanos que tenemos la libertad de ser respetados sin importar nuestra raza,
color, religión o estatus social. El día en que todos en un mismo sentir
entendamos que blancos y negros, ateos y cristianos, homosexuales y
heterosexuales, ricos y pobres, mujeres y hombres, liberales y conservadores…
sangramos igual, sufrimos igual, amamos igual y deseamos igual, solo ese día
habrá igualdad, solo ese día entenderán el valor de cada uno de nosotros, solo
ese día entenderán que las fronteras que nos separan no son más que líneas en
papel porque al fin y al cabo, todos somos ciudadanos de un mismo mundo.
Esta
no es una lucha contra algún Gobierno, es una lucha contra nosotros mismos y
con quienes nos rodean, una lucha que no se pelea con balas o piedras, sino con
el cerebro y el corazón para quitar de ellos el odio que hoy parece propagar en
el mundo, una lucha que nos quitara las vendas de la división y nos dará luz de libertad; nos hará entender
que el pueblo es más poderoso que el presidente, que el amor es más fuerte que
el odio y que todos y cada uno de nosotros merecemos respeto y amor, pero que
también debemos darlo. Ese es mi sueño, y solo los soñadores podemos cambiar el
mundo.
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