Somos seres afortunados elegidos para tener vidas afortunadas por la suerte de una ruleta, un puesto más a la derecha y no estarías allí sentado.
A veces despierto y me pregunto qué hubiese sido de mi vida de haber nacido en algún país musulmán radical, donde por ser mujer no gozaría de los mismos derechos que los hombres o simplemente de ningún derecho, y donde los niños se quedan dormidos al son de las bombas.
Que hubiese sido de mi vida de haber nacido en un país pobre de África, donde el abuso y el hambre marcan el día a día de las mujeres, y unas gotas de agua son más que un privilegio.
Que hubiese sido de mi vida de haber nacido en los barrios pobres de la India, o al grueso margen de cualquier sociedad... sin irme muy lejos, de Caracas, donde hoy murió otro niño por desnutrición.
¿Tendría un techo sobre mi cabeza, comida en mis platos, ropas sobre mi cuerpo y libros en mis estantes? ¿Sería libre de pensar y actuar, o del simple hecho de soñar?
Me cuesta creer, de vez en cuando, que son millones las chicas como yo que a esas preguntas tienen un "no" como respuesta.
¿Que tan cerca pudimos haber estado de tener esas vidas que solo vemos en documentales y propagandas humanitarias?
No porque una realidad este a miles de kilómetros de distancia de ti, no significa que no esté pasando. Pero mientras tanto, muchos de nosotros nos seguimos preocupando de cuál será la próxima foto en Instagram, que nueva serie hay en Netflix y cuánto ejercicio me falta hacer para tener ese cuerpo soñado. Ignorando la mísera realidad de aquellos a quienes, en la ruleta de la fortuna, no se llevaron la mejor de las suertes consigo.
Me hace comprender entonces que vivimos en una sociedad babeante por precios de petróleo y bolsas de valores con qué llenar sus bolsillos y gastar el sentido de la humanidad... pero basta de generalizar, porque yo no soy una de esas personas y espero que tú, lector, tampoco lo seas.
Aprendamos a valorar, agradecer, vivir... pero sobre todo a dar.
A veces despierto y me pregunto qué hubiese sido de mi vida de haber nacido en algún país musulmán radical, donde por ser mujer no gozaría de los mismos derechos que los hombres o simplemente de ningún derecho, y donde los niños se quedan dormidos al son de las bombas.
Que hubiese sido de mi vida de haber nacido en un país pobre de África, donde el abuso y el hambre marcan el día a día de las mujeres, y unas gotas de agua son más que un privilegio.
Que hubiese sido de mi vida de haber nacido en los barrios pobres de la India, o al grueso margen de cualquier sociedad... sin irme muy lejos, de Caracas, donde hoy murió otro niño por desnutrición.
¿Tendría un techo sobre mi cabeza, comida en mis platos, ropas sobre mi cuerpo y libros en mis estantes? ¿Sería libre de pensar y actuar, o del simple hecho de soñar?
Me cuesta creer, de vez en cuando, que son millones las chicas como yo que a esas preguntas tienen un "no" como respuesta.
¿Que tan cerca pudimos haber estado de tener esas vidas que solo vemos en documentales y propagandas humanitarias?
No porque una realidad este a miles de kilómetros de distancia de ti, no significa que no esté pasando. Pero mientras tanto, muchos de nosotros nos seguimos preocupando de cuál será la próxima foto en Instagram, que nueva serie hay en Netflix y cuánto ejercicio me falta hacer para tener ese cuerpo soñado. Ignorando la mísera realidad de aquellos a quienes, en la ruleta de la fortuna, no se llevaron la mejor de las suertes consigo.
Me hace comprender entonces que vivimos en una sociedad babeante por precios de petróleo y bolsas de valores con qué llenar sus bolsillos y gastar el sentido de la humanidad... pero basta de generalizar, porque yo no soy una de esas personas y espero que tú, lector, tampoco lo seas.
Aprendamos a valorar, agradecer, vivir... pero sobre todo a dar.
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