A pesar de que las políticas ideológicas y económicas europeas y latinoamericanas son totalmente distintas, hay una realidad universal que nos afecta a cada ciudadano del mundo: el cambio constante.
En nuestra vida diaria y en el desenvolvimiento del hombre en la sociedad, la evolución y el cambio son factores importantes para su continuo desarrollo: la innovación y la creatividad se contraponen a lo clásico y lo convencional segundo a segundo... en la tecnología, en el arte y en nuestro tema a tratar: la política.
La política es una modista: diseña y realiza ropa dependiendo del cuerpo, para satisfacer la necesidad y gustos del cliente; cada cliente o cuerpo es una sociedad distinta; la modista, los gobernantes; y la ropa, las acciones que toman. Ni siquiera un mismo cliente no siempre se viste igual, no siempre pesa lo mismo y no tiene gustos estáticos. Así es la política, una organización cambiante que trabaja por y para el pueblo, cambiando dependiendo de lo que este quiera/necesite. Lo que no han entendido los políticos, y la sociedad en general, es que así como las sociedades cambian los políticos, los discursos, las propuestas y los ideales deben cambiar con ellos... dejando atrás lo clásico para llegar a la renovación.
Francia, el día de ayer, decidió dejar atrás un modelo clasista y extremista, que buscaba la desunión y la intolerancia, con una visión de enfrentamiento de problemas arcaica y obsoleta; decidió dejar lo seguro e histórico a un lado, para al fin dar lugar al resultado de una nueva generación que hace historia en vez de repetirla. Macron es símbolo de democracia, y de los valores que marca su país y que nos deberían marcar a todos nosotros: libertad, igualdad, fraternidad; es el símbolo de una nueva generación que entiende y promueve un desarrollo en el tiempo, con focos en la integración y en la globalización, aspectos que lideraran la sociedad del futuro, y que necesitamos para hacer de la sociedad global mas justa, segura y estable.
Venezuela ha estado marcada con una política y un discurso fuera de uso, donde las mentiras hieden y las acciones que se llevan a cabo no son mas que intentos fallidos de recuperar una época que no volverá. Cansados y fastidiados de discursos idénticos y lideres prosaicos, es hora de abrirnos a una nueva era donde la política no lleva el nombre de un líder o un partido político, hora de entender que la derecha y la izquierda mas que enemigos deben ser colegas, y hora de comprender que la política no se trata de viejos panzones llenándose los bolsillos con los precios del petroleo sino que se trata de nuestra forma de vida y nuestras expectativas como sociedad: que cambiamos, nos cuestionamos y avanzamos. Nosotros y cada uno de nosotros formamos parte de esa política, y dependiendo de nuestra capacidad de comprender este mundo absorto en la globalización, entenderemos que las respuestas más sencillas a veces son las mejores: evolución y no revolución, unión y no disociación, libertad y no dominio. Esa es la sociedad del futuro, y nuestras mentes deben cambiar con ella.
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